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Patricia B. Bustos Psicoanalista /Coordinadora de grupos terapeúticos/ Prof. Enseñanza Común y diferencial / Mediadora Judicial / Voluntaria y Socia Activa de Mèdicos del Mundo

martes, 17 de marzo de 2009

Saber Esperar

The Girls - on the - Pier - Edward Munch

Tal vez la vida sea solo eso, una suma de pequeños instantes, que pueden o no formar grandes cadenas que hacen que todo lo que pase por nuestro alrededor tenga sus propias luces y colores, que hacen que la vida se llene con el sentido que da la esperanza de hacer que estos instantes sean perpetuos y hagan vivir un eterno momento.

Que difícil es entender que las cosas llegan a su debido tiempo.Cuántas veces se piensa en algo que se quiere llevar a cabo, se desarrolla un plan completo con un inicio que incluye el conocimiento teórico, una parte intermedia que incluye el desarrollo y una parte final que incluye el resultado que se desea. En fin, una serie de pasos que a nuestro criterio debe contener nuestro plan para que de resultado y, por supuesto, ese resultado nos satisfaga.

Todo en el papel puede parecer correcto e inclusive tener un ingenioso plan para llegar al objetivo pero muy a menudo ocurre algo que cambia totalmente el panorama y se empiezan a notar una serie de fallas que se traen al piso nuestro plan o conducen a un desenlace poco satisfactorio o no esperado, convirtiendo en poco tiempo a una buena idea en una desilusión en el mejor de los casos o en un gran problema.Este tipo de planes se desarrollan en muchos ámbitos que no sólo incluyen los negocios, pueden ser también a nivel personal pero la causa de la falla parece ser, a mi criterio, la misma: muy a menudo no sabemos esperar.

No todos los fracasos aparecen con los resultados o son notorios desde el inicio, muy a menudo empiezan a gestarse precisamente cuando las cosas están saliendo bien, al igual que con los negocios la codicia desatada por buenos resultados puede echar por tierra muy buenas relaciones personales.El valor de la estrategia está no sólo en lograr la victoria sino en conservar lo obtenido y saber esperar a que se presente la oportunidad para dar el siguiente paso o simplemente dar tiempo para disfrutar del momento teniendo la calma suficiente para no variar esa estrategia por la emoción de un buen resultado.

Ahí está el verdadero sentido de un triunfo, no es sólo ganar una batalla sino la guerra. Los buenos resultados, sobre todo si se dan muy temprano, pueden ser los causantes de un mal desenlace si no se tiene la madurez o la experiencia para saberlos manejar de forma que sirvan para conducir al resultado esperado o inclusive a un resultado aún mejor que el esperado.

El saber esperar a que las cosas se den a su debido tiempo agrega a una buena estrategia la solidez para que conduzca a una gran victoria, se debe entender que esperar no es sinónimo de quedarse dormido y nunca actuar, saber esperar significa aguardar al momento indicado para dar el siguiente paso, significa saber leer el libreto y comprender cuándo es tiempo de introducir otro factor en la escena.

Algo curioso sobre la estrategia en las relaciones personales y que tiende a diferenciarlas de los negocios es que en éstas relaciones el secreto puede estar en no esperar nada, si, simplemente no tener expectativas muy grandes que puedan cegar con idealismos que no permitan ver con claridad el horizonte, expectativas que a menudo crean una falsa idea sobre una persona y que no permiten ver la verdad tal cual es: no siempre lo que soñamos es lo que nos hará felices y eso se descubre intentando, fracasando y aprendiendo a esperar el momento justo para que las cosas se ocurran.

La paciencia es una de esas virtudes que ayudan a templar el carácter, pues es un estado anímico donde el individuo hace acopio de toda su fortaleza para enfrentar sus adversidades sin sufrir perturbación alguna; mientras que a contrario sensu, quién no es capaz de saber esperar y se acobarda ante situaciones adversas, es que no ha desarrollado a través de la voluntad, la virtud de la paciencia.

La paciencia es y debe de ser un acto cotidiano, debemos de practicarla día a día, pues es la única forma de cultivarla y engrandecerla. Es, como todas las virtudes, una poderosa arma contra la cobardía, lo que significa, de alguna manera, que es la esencia de la valerosidad.

Los hombres que saben ser pacientes, son de una sola pieza, no se intimidan fácilmente pues están seguros que tarde o temprano, con base en la perseverancia que los anima, lograrán el éxito en sus tareas cotidianas. Todo lo hacen con un ingrediente adicional, pues la paciencia no es una virtud que camina sola, la mayor de las veces siempre va acompañada de la capacidad de amar intensamente, siendo este el principal ingrediente para lograr su desarrollo. En sentido figurado, podemos decir que la paciencia es como una planta que se riega con amor y con ello se hace más grande y se fortalece.

Saber esperar es una virtud de sabios y una cualidad de hombres de estirpe valerosa, la cobardía no existe en su diccionario cotidiano y lo más importante es que junto a la virtud cardinal de la paciencia, tienen la virtud teologal de la esperanza. ¿Y vos, sos paciente? (Psi.Patricia B Bustos)

2 comentarios:

pablo dijo...

Es muy interesante y comparto que la paciencia es una virtud sumamente valiosa pero eso se aprende con los años. Sin duda la experiencia te da sabiduría. Me gustó mucho eso de los planes, la planificación es esencial en la vida y el saber reformular metas también. El error sirve para crecer. No hay que temerle al fracaso, solo del los errores se aprende. Un beso.

escuchando palabras dijo...

a veces esperar tiene su recompensa, pero hay q esperar para saberlo, besitos