Sobre la ausencia de fronteras
No hay
fronteras. Los animales no conocen fronteras, las plantas no conocen fronteras,
los vientos no conocen fronteras, las nubes no conocen fronteras, los ríos no
conocen fronteras. Sólo el hombre cree en fronteras: “No te está permitido
entrar aquí”.
Me
pregunto: ¿Cómo es posible esto?
El
problema es que vosotros, los occidentales, aprendéis desde la infancia a crear
fronteras. Pero la madre tierra no tiene fronteras. El viento no conoce
fronteras. Quizá se lleve a miles de kilómetros la hoja marchita que el viento
de otoño arranca de un árbol de tu jardín. Tal vez la lleve hacia el Norte,
donde en algún momento se congelará y caerá sobre Groenlandia. Y acabará en un
lago groenlandés, donde desplegará su energía. Todo está unido y conectado con
todo. Sois vosotros los que habéis inventado las fronteras.
Tenemos
que aprender que solo existe un mundo y que las fronteras que le hemos trazado
son ilusiones. Necesitamos tener una
conciencia global de que todos estamos cohesionados y formamos un solo
organismo. Necesitamos una conciencia clara de que todos somos una familia.




